Él era un profesor comprometido
y estricto, conocido también
por sus alumnos como un hombre justo
y comprensivo. Al terminar la clase
de fin de año, mientras el
maestro organizaba unos documentos
encima de su escritorio, se le acercó
uno de sus alumnos y en forma desafiante
le dijo:
Profesor, lo que me alegra de haber
terminado la clase, es que no tendré
que escuchar más sus tonterías
y podré descansar de ver
su cara aburrida.
El alumno estaba erguido, con semblante
arrogante, en espera de que el maestro
reaccionara ofendido y descontrolado.
El profesor miró al alumno
por un instante y en forma muy tranquila
le preguntó:
¿Cuándo alguien te
ofrece algo que no quieres, lo recibes?
El alumno quedó desconcertado
por la calidez de la sorpresiva
pregunta.
Por supuesto que no. -Contestó
de nuevo en tono despectivo el muchacho-.
Bueno, -prosiguió el profesor-
cuando alguien intenta ofenderme
o me dice algo desagradable, me
está ofreciendo "algo".
En tu caso, es una emoción
de rabia y rencor, que puedo decidir
no aceptar.
No entiendo a qué se refiere.
-dijo el alumno confundido-
Muy sencillo, -replicó el
profesor- Tú me estás
ofreciendo rabia y desprecio y si
yo me siento ofendido o me pongo
furioso, estaré aceptando
tu regalo. Y yo, mi amigo, en verdad,
prefiero obsequiarme mi propia serenidad.
¡Muchacho!, -concluyó
el profesor en tono gentil- La vida
nos da la libertad de amargarnos
o de ser felices. "Tu rabia
pasará, pero no trates de
dejarla conmigo, porque no me interesa.
Yo no puedo controlar lo que tú
llevas en tu corazón, pero
de mí depende lo que yo cargo
en el mío. Cada día,
en todo momento, tú puedes
escoger qué emociones o sentimientos
quieres poner dentro de ti, y lo
que elijas, lo tendrás hasta
que decidas cambiarlo, porque es
tan grande la libertad que nos da
la vida, que hasta tenemos la opción
de amargarnos o de ser felices".
Proverbios
14: 10: “El corazón
conoce la amargura de su alma;
Y extraño no se entremeterá
en su alegría.”
Mateo 12: 34
- 35: "... De la abundancia
del corazón habla la boca.
El hombre bueno, del buen tesoro
del corazón saca buenas cosas;
y el hombre malo, del mal tesoro
saca malas cosas..."