Cristo enfatizo
fuertemente la importancia del Espíritu
Santo. Estas, y muchas otras recomendaciones,
fueron sus palabras finales: "He
aquí, yo enviare la promesa
de mi Padre sobre vosotros; pero
quedaos vosotros en la ciudad de
Jerusalén, hasta que seáis
investidos de poder desde lo alto"
(Lucas 24:49). "Y
estando juntos, les mando que no
se fueran de Jerusalén, sino
que esperasen la promesa del Padre,
la cual, les dijo, oísteis
de mi. Porque Juan ciertamente bautizo
con agua, mas vosotros seréis
bautizados con el Espíritu
Santo dentro de no muchos días"
(Hechos 1 :4, 5).
El bautismo del Espíritu
Santo subsecuente a la limpieza
del corazón es la herencia
de todo aquel que cree en Cristo
Jesús. Ningún seguidor
de Cristo debe sentirse satisfecho
sin la plenitud del Espíritu.
Es difícil probar , por las
Escrituras, el momento y lugar exacto
en que los discípulos fueron
convertidos o santificados, a pesar
de que la Biblia claramente revela
que si fueron salvos y demuestra
los frutos de la santificación.
Cristo, en Lucas 10:20, dijo a sus
discípulos que se regocijaran,
porque sus nombres estaban escritos
en los cielos. En Mateo 28:19, El
los comisiono a ir por todo el mundo
y predicar el evangelio. Es increíble
que el Señor hubiera confiado
la propagación de tan gloriosa
verdad a hombres no salvos. Esto
no armonizaría con la santidad
y pureza del carácter de
Cristo.
Si Cornelio no hubiera sido convertido
antes de la visita de Pedro, entonces
por lógica deduciríamos
que el bautismo del Espíritu
Santo es indispensable para ser
perdonado y limpio de los pecados.
El bautismo del Espíritu
Santo, enviado el día Pentecostés
no es sinónimo de perdón.
La santificación y la limpieza
de corazón preceden a la
experiencia del Pentecostés
y son requisitos esenciales para
recibir el bautismo del Espíritu.
Una vida santa es de más
valor que una biblioteca llena de
argumentos. El bautismo sin pureza
es peor que la ausencia de este.
Dios no bautiza con el Espíritu
Santo arbitrariamente. Solo una
vida limpia y separada de la mundanalidad
puede ser recipiente de esa bendita
promesa.
La Biblia registra tres derramamientos
del Espíritu Santo, y aunque
hay unas pequeñas diferencias
en las circunstancias en cada acto,
los hechos cardinales son exactamente
los mismos. Muchos reciben la experiencia
del bautismo sin conocer la doctrina
fundamental, de la misma manera
en que millones oyen la música
con gran placer sin saber nada de
la teoría. Con mucha frecuencia,
el bautismo del Espíritu
Santo se ha convertido en un dogma
teológico en lugar de ser
una realidad práctica. La
iglesia primitiva recibió
la plenitud del poder de Dios antes
de que se formara la doctrina relacionada
con esa experiencia.
EL BAUTISMO ENTRE
LOS CRISTIANOS JUDIOS (Hechos 2:1-4)
El día de Pentecostés,
mientras el sumo sacerdote en el
templo se preparaba para levantar
los dos panes delante de Jehová
y los hebreos se encontraban invadidos
por una extática expectación;
en el preciso momento en que el
sacerdote elevaba la ofrenda mecida,
en el aposento alto, una nube de
gloria estallo sobre los 120 discípulos
de Cristo, como un fuerte viento
del cielo. Ellos se sentían
conmovidos por una gloria indescriptible.
Lenguas como de fuego se asentaron
sobre cada uno. Mientras sus gritos
de alabanza prorrumpían por
la vecindad, el Espíritu
los impulsaba a hablar en lenguas
extrañas y glorificar al
Señor por sus grandes maravillas.
Muchísimos hebreos se acercaron
rápidamente representando
a todo el mundo, desde Persia en
el oriente hasta Italia en el occidente,
y desde el mar Caspio en el norte
hasta Egipto en el sur. Cada uno
escuchaba el evangelio en el lenguaje
de su país, pronunciado por
aquellos creyentes sin preparación.
Ellos habían sido llenos
de poder y gozo y no cesaban de
proclamar el mensaje de vida eterna.
EL BAUTISMO ENTRE
LOS CRISTIANOS GENTILES (Hechos
10:44-48)
El bautismo de Cornelio y su familia
fueron subsecuentes a la limpieza
del corazón de ellos. Si
no lo creemos así, negaríamos
la veracidad de Hechos 10:2: "Cometió...
piadoso y temeroso de Dios con toda
su casa, y que hacia muchas limosnas
al pueblo, y oraba a Dios siempre."
Reportes como este no se
oyen de un hombre pecador y mundano.
La visión de Jope cambio
las ideas conservadoras de Pedro
y los demás compañeros
judíos sobre la igualdad
de judíos y gentiles. En
esta ocasión ellos observaron
manifestaciones idénticas
a las acontecidas en el derramamiento
del Espíritu Santo en el
aposento alto.
EL BAUTISMO DE
LOS EFESIOS (Hechos 19: 1-6)
Los que fueron bautizados en Efeso,
aproximadamente 20 anos después
del primer derramamiento del día
de Pentecostés, también
recibieron el Espíritu Santo
subsecuente a la limpieza del corazón.
Hechos 19:1 dice: "...
y hallando ciertos discípulos."
De acuerdo al versículo 3,
ellos habían recibido el
bautismo de Juan, el cual incluía
la promesa del bautismo con el Espíritu
Santo, pero el versículo
6 dice: "Y
habiéndoles impuesto Pablo
las manos, vino sobre ellos el Espíritu
Santo; y hablaban en lenguas y profetizaban."
Analicemos la experiencia de estos
creyentes y tratemos de determinar
en que consiste el bautismo del
Espíritu Santo. Debemos ver
más allá de las manifestaciones
externas. Es necesario reconocer
que para realizar demostraciones
exteriores es indispensable que
haya una experiencia dinámica
en el interior de la persona. Esta
experiencia maravillosa es triple:
El bautismo del Espíritu
Santo es "espiritual".
El propósito principal es
testificar de Cristo. Desacreditaríamos
la fuerza y profundidad del bautismo
si lo reconociéramos únicamente
como el medio de predicación
y operación de milagros.
El Espíritu Santo requiere
de cosas supremas: un testimonio
poderoso en lo exterior y santidad
profunda y sincera en lo interior.
Uno de los mayores problemas ha
sido el esfuerzo tenaz de producir
las evidencias exteriores sin poseer
la santidad y espiritualidad interna.
El bautismo del Espíritu
Santo imparte "sabiduría".
Juan 14:26 dice: "Mas
el Consolador, el Espíritu
Santo, a quien el Padre enviara
en mi nombre, el os enseñara
todas las cosas, y os recordara
todo lo que yo os he dicho."
El sermón de Pedro el día
de Pentecostés es un ejemplo
sorprendente. Obsérvese el
sentido teológico de algunas
de sus expresiones: "Entregado
por el determinado consejo y anticipado
conocimiento de Dios." También:
" Así que, exaltado
por la diestra de Dios, y habiendo
recibido del Padre la promesa del
Espíritu Santo, ha derramado
esto que vosotros veis y oís."
En todo este magistral mensaje uno
puede darse cuenta de que Pedro
sabía lo que estaba diciendo.
El no fue movido únicamente
por el entusiasmo sino por una profunda
sabiduría.
Desde la inauguración de
esta experiencia en Hechos 2, a
través de toda la era cristiana,
el bautismo ha sido evidente. El
día de Pentecostés,
los discípulos fueron acusados
de estar llenos de mosto (Hechos
2:13). En el versículo 15,
Pedro declara: "Estos
no están ebrios como vosotros
suponéis." Sin
embargo, recordemos que solo una
experiencia interna, poderosa y
legítima podía ser
causa suficiente para tales demostraciones,
como el hablar en otras lenguas
y dar exclamaciones de alabanza
y de éxtasis.
El bautismo del Espíritu
Santo es para "todos"
(Juan 7:37-39). "Porque
para vosotros es la promesa, y para
vuestros hijos, y para todos los
que están lejos; para cuantos
el Señor nuestro Dios llamare"
(Hechos 2:39).
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