Capítulo 1
Muerte de Ocozías
1:1 Después de la muerte de Acab, se rebeló Moab contra
Israel.
1:2 Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa
que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros,
y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de
sanar de esta mi enfermedad.
1:3 Entonces el ángel de Jehová habló a Elías
tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros
del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a
consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?
1:4 Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que
estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás.
Y Elías se fue.
1:5 Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo:
¿Por qué os habéis vuelto?
1:6 Ellos le respondieron: Encontramos a un varón que nos dijo:
Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho
Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías
a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en
que estás no te levantarás; de cierto morirás.
1:7 Entonces él les dijo: ¿Cómo era aquel varón
que encontrasteis, y os dijo tales palabras?
1:8 Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido
de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero.
Entonces él dijo: Es Elías tisbita.
1:9 Luego envió a él un capitán de cincuenta con
sus cincuenta, el cual subió a donde él estaba; y he aquí
que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y el capitán
le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas.
1:10 Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta:
Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate
con tus cincuenta.
Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él
y a sus cincuenta.
1:11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán
de cincuenta con sus cincuenta; y le habló y dijo: Varón
de Dios, el rey ha dicho así: Desciende pronto.
1:12 Y le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón
de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta.
Y descendió fuego del cielo, y lo consumió a él y
a sus cincuenta.
1:13 Volvió a enviar al tercer capitán de cincuenta con
sus cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, se
puso de rodillas delante de Elías y le rogó, diciendo: Varón
de Dios, te ruego que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la vida
de estos tus cincuenta siervos.
1:14 He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a
los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta; sea estimada
ahora mi vida delante de tus ojos.
1:15 Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías:
Desciende con él; no tengas miedo de él. Y él se levantó,
y descendió con él al rey.
1:16 Y le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto enviaste
mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay
Dios en Israel para consultar en su palabra? No te levantarás, por
tanto, del lecho en que estás, sino que de cierto morirás.
1:17 Y murió conforme a la palabra de Jehová, que había
hablado Elías. Reinó en su lugar Joram, en el segundo año
de Joram hijo de Josafat, rey de Judá; porque Ocozías no
tenía hijo.
1:18 Los demás hechos de Ocozías, ¿no están
escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Capítulo 2
Eliseo sucede a Elías
2:1 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías
en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.
2:2 Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí,
porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová,
y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.
2:3 Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el,
le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu
señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé;
callad.
2:4 Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate
aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó.
Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.
Vinieron, pues, a Jericó.
2:5 Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en
Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará
hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo
sé; callad.
2:6 Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque
Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová,
y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.
2:7 Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y se
pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al Jordán.
2:8 Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó
las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos
por lo seco.
2:9 Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo
que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo:
Te ruego que una doble porción
de tu espíritu sea sobre mí.
2:10 El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando
fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.
2:11 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí
un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías
subió al cielo en un torbellino.
2:12 Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre
mío, carro de Israel y su gente de a caballo!
Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en
dos partes.
2:13 Alzó luego el manto de Elías que se le había
caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán.
2:14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído,
golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová,
el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo
las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
2:15 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó
al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó
sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.
2:16 Y dijeron: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones
fuertes; vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado
el Espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte
o en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.
2:17 Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose dijo:
Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron
tres días, mas no lo hallaron.
2:18 Y cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en Jericó,
él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?
2:19 Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el
lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor
ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril.
2:20 Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en
ella sal. Y se la trajeron.
2:21 Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó
dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané
estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.
2:22 Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que
habló Eliseo.
2:23 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo
por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él,
diciendo: ¡Calvo, sube! ¡calvo, sube!
2:24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el
nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron
de ellos a cuarenta y dos muchachos.
2:25 De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió
a Samaria.
Capítulo 3
Reinado de Joram de Israel
3:1 Joram hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre Israel
el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce
años.
3:2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su
padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre
había hecho.
3:3 Pero se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat,
que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
Eliseo predice la victoria sobre Moab
3:4 Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al
rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones.
3:5 Pero muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey
de Israel.
3:6 Salió entonces de Samaria el rey Joram, y pasó revista
a todo Israel.
3:7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey
de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú
conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré,
porque yo soy como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos
como los tuyos.
3:8 Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió:
Por el camino del desierto de Edom.
3:9 Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey
de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de
camino, les faltó agua para el ejército, y para las bestias
que los seguían.
3:10 Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová
a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
3:11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová,
para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los
siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está
Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías.
3:12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y
descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom.
3:13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo
yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre.
Y el rey de Israel le respondió: No; porque Jehová ha reunido
a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
3:14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en
cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey
de Judá, no te mirara a ti, ni te viera.
3:15 Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor
tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo,
3:16 quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle
muchos estanques.
3:17 Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento,
ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis
vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados.
3:18 Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará
también a los moabitas en vuestras manos.
3:19 Y destruiréis toda ciudad fortificada y toda villa hermosa,
y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes
de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil.
3:20 Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece
el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la
tierra se llenó de aguas.
3:21 Cuanto todos los de Moab oyeron que los reyes subían a
pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían ceñir
armadura en adelante, y se pusieron en la frontera.
3:22 Cuando se levantaron por la mañana, y brilló el
sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como
sangre;
3:23 y dijeron: ¡Esto es sangre de espada! Los reyes se han vuelto
uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su compañero. Ahora,
pues, ¡Moab, al botín!
3:24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron los
israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron de delante de ellos;
pero los persiguieron matando a los de Moab.
3:25 Y asolaron las ciudades, y en todas las tierras fértiles
echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también
todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles;
hasta que en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque los honderos
la rodearon y la destruyeron.
3:26 Y cuando el rey de Moab vio que era vencido en la batalla, tomó
consigo setecientos hombres que manejaban espada, para atacar al rey de
Edom; mas no pudieron.
3:27 Entonces arrebató a su primogénito que había
de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro.
Y hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron
a su tierra.
Capítulo 4
El aceite de la viuda
4:1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó
a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que
tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse
dos hijos míos por siervos.
4:2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame
qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en
casa, sino una vasija de aceite.
4:3 El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos,
vasijas vacías, no pocas.
4:4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa
en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.
4:5 Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose
ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del
aceite.
4:6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme
aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas.
Entonces cesó el aceite.
4:7 Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el
cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y
tus hijos vivid de lo que quede.
Eliseo y la sunamita
4:8 Aconteció también que un día pasaba Eliseo
por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba
insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí,
venía a la casa de ella a comer.
4:9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que
éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de
Dios.
4:10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes,
y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él
viniere a nosotros, se quede en él.
4:11 Y aconteció que un día vino él por allí,
y se quedó en aquel aposento, y allí durmió.
4:12 Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando
la llamó, vino ella delante de él.
4:13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú
has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué
quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al
general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio
de mi pueblo.
4:14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella?
Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido
es viejo.
4:15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y
ella se paró a la puerta.
4:16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo,
abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón
de Dios, no hagas burla de tu sierva.
4:17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año
siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.
4:18 Y el niño creció. Pero aconteció un día,
que vino a su padre, que estaba con los segadores;
4:19 y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre
dijo a un criado: Llévalo a su madre.
4:20 Y habiéndole él tomado y traído a su madre,
estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.
4:21 Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón
de Dios, y cerrando la puerta, se salió.
4:22 Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes
conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo
al varón de Dios, y regrese.
4:23 El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva
luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz.
4:24 Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía
y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere.
4:25 Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte
Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado
Giezi: He aquí la sunamita.
4:26 Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te
va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo:
Bien.
4:27 Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios
en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para
quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su
alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo,
y no me lo ha revelado.
4:28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No
dije yo que no te burlases de mí?
4:29 Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma
mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes,
y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo
sobre el rostro del niño.
4:30 Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu
alma, que no te dejaré.
4:31 El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había
ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro
del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había
vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño
no despierta.
4:32 Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba
muerto tendido sobre su cama.
4:33 Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos,
y oró a Jehová.
4:34 Después subió y se tendió sobre el niño,
poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos,
y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él,
y el cuerpo del niño entró en calor.
4:35 Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y
otra parte, y después subió, y se tendió sobre él
nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió
sus ojos.
4:36 Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta
sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo:
Toma tu hijo.
4:37 Y así que ella entró, se echó a sus pies,
y
se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.
Milagros en beneficio de los profetas
4:38 Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre
en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo
que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los hijos
de los profetas.
4:39 Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló
una como parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas
silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje,
pues no sabía lo que era.
4:40 Después sirvió para que comieran los hombres; pero
sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo:
¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer.
4:41 El entonces dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla,
y dijo: Da de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.
4:42 Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón
de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su
espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma.
4:43 Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré
esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da
a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán,
y sobrará.
4:44 Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró,
conforme a la palabra de Jehová.
Capítulo 5
Eliseo y Naamán
5:1 Naamán,
general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante
de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio
de él había dado Jehová salvación a Siria.
Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.
5:2 Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían
llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía
a la mujer de Naamán.
5:3 Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta
que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.
5:4 Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo:
Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.
5:5 Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas
al rey de Israel. Salió, pues, él, llevando consigo diez
talentos de plata,
y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.
5:6 Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían
así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío
a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.
5:7 Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó
sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para
que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra?
Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
5:8 Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de
Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey:
¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí,
y sabrá que hay profeta en Israel.
5:9 Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró
a las puertas de la casa de Eliseo.
5:10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé
y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará,
y serás limpio.
5:11 Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía
para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará
el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará
el lugar, y sanará la lepra.
5:12 Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores
que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré
también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.
5:13 Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre
mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías?
¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás
limpio?
5:14 El entonces descendió, y se zambulló siete veces
en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y
su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó
limpio.
5:15 Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía,
y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que
no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún
presente de tu siervo.
5:16 Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy,
que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero
él no quiso.
5:17 Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra
no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí
en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá
sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.
5:18 En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor
el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y
se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo
de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo.
5:19 Y él le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó
como media legua de tierra.
5:20 Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo
entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio
Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído.
Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré
de él alguna cosa.
5:21 Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán
que venía corriendo tras él, se bajó del carro para
recibirle, y dijo: ¿Va todo bien?
5:22 Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte:
He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín
dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un
talento de plata,
y dos vestidos nuevos.
5:23 Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos.
Y le insistió, y ató dos talentos de plata en dos bolsas,
y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus criados para
que lo llevasen delante de él.
5:24 Y así que llegó a un lugar secreto, él lo
tomó de mano de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó
a los hombres que se fuesen.
5:25 Y él entró, y se puso delante de su señor.
Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo:
Tu siervo no ha ido a ninguna parte.
5:26 El entonces le dijo: ¿No estaba también allí
mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte?
¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas,
ovejas, bueyes, siervos y siervas?
5:27 Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti
y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él
leproso, blanco como la nieve.
Capítulo 6
Eliseo hace flotar el hacha
6:1 Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar
en que moramos contigo nos es estrecho.
6:2 Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno
una viga, y hagamos allí lugar en que habitemos. Y él dijo:
Andad.
6:3 Y dijo uno: Te rogamos que vengas con tus siervos. Y él
respondió: Yo iré.
6:4 Se fue, pues, con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron
la madera.
6:5 Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol,
se le cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo: ¡Ah,
señor mío, era prestada!
6:6 El varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó?
Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él
un palo, y lo echó allí; e hizo flotar el hierro.
6:7 Y dijo: Tómalo. Y él extendió la mano, y lo
tomó.
Eliseo y los sirios
6:8 Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando
con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.
6:9 Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel:
Mira que no pases por tal lugar, porque los sirios van allí.
6:10 Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar que el varón
de Dios había dicho; y así lo hizo una y otra vez con el
fin de cuidarse.
6:11 Y el corazón del rey de Siria se turbó por esto;
y llamando a sus siervos, les dijo: ¿No me declararéis vosotros
quién de los nuestros es del rey de Israel?
6:12 Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío,
sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey
de Israel las palabras que tú hablas en tu cámara más
secreta.
6:13 Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que
yo envíe a prenderlo. Y le fue dicho: He aquí que él
está en Dotán.
6:14 Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y
carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron
la ciudad.
6:15 Y se levantó de mañana y salió el que servía
al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía
sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado
le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?
6:16 El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están
con nosotros que los que están con ellos.
6:17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras
sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del
criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente
de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
6:18 Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo
a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente.
Y los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo.
6:19 Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta
la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis.
Y los guió a Samaria.
6:20 Y cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre
los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus
ojos, y miraron, y se hallaban en medio de Samaria.
6:21 Cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Los
mataré, padre mío?
6:22 El le respondió: No los mates. ¿Matarías
tú a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante
de ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a sus señores.
6:23 Entonces se les preparó una gran comida; y cuando habían
comido y bebido, los envió, y ellos se volvieron a su seÑor.
Y nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel.
Eliseo y el sitio de Samaria
6:24 Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria
reunió todo su ejército, y subió y sitió a
Samaria.
6:25 Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio;
tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata,
y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas
de plata.
6:26 Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó,
y dijo: Salva, rey señor mío.
6:27 Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde
te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar?
6:28 Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió:
Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana
comeremos el mío.
6:29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos.
El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo.
Mas ella ha escondido a su hijo.
6:30 Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó
sus vestidos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el
cilicio que traía interiormente sobre su cuerpo.
6:31 Y él dijo: Así me haga Dios, y aun me añada,
si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy.
6:32 Y Eliseo estaba sentado en su casa, y con él estaban sentados
los ancianos; y el rey envió a él un hombre. Mas antes que
el mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿No
habéis visto cómo este hijo de homicida envía a cortarme
la cabeza? Mirad, pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta,
e impedidle la entrada. ¿No se oye tras él el ruido de los
pasos de su amo?
6:33 Aún estaba él hablando con ellos, y he aquí
el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este
mal de Jehová viene. ¿Para qué he de esperar más
a Jehová?
Capítulo 7
7:1 Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así
dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah
de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta
de Samaria.
7:2 Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió
al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas
en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He
aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás
de ello.
7:3 Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos,
los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos
aquí hasta que muramos?
7:4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que
hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también
moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si
ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.
7:5 Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los
sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había
allí nadie.
7:6 Porque Jehová había hecho que en el campamento de
los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito
de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el
rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos
y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.
7:7 Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando
sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían
huido para salvar sus vidas.
7:8 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron
en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro
y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda,
y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.
7:9 Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy
es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta
el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos
y demos la nueva en casa del rey.
7:10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad,
y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios,
y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre,
sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto.
7:11 Los porteros gritaron, y lo anunciaron dentro, en el palacio del
rey.
7:12 Y se levantó el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo
os declararé lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que tenemos
hambre, y han salido de las tiendas y se han escondido en el campo, diciendo:
Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en
la ciudad.
7:13 Entonces respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora
cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan
acá también perecerán como toda la multitud de Israel
que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay.
7:14 Tomaron, pues, dos caballos de un carro, y envió el rey
al campamento de los sirios, diciendo: Id y ved.
7:15 Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí
que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían
arrojado por la premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber
al rey.
7:16 Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento
de los sirios. Y fue vendido un seah
de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme
a la palabra de Jehová.
7:17 Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo
él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió,
conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el
rey descendió a él.
7:18 Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios
había hablado al rey, diciendo: Dos seahs
de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido
por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria.
7:19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón
de Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera
suceder esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás
con tus ojos, mas no comerás de ello.
7:20 Y le sucedió así; porque el pueblo le atropelló
a la entrada, y murió.
Capítulo 8
Los bienes de la sunamita devueltos
8:1 Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había
hecho vivir,
diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde
puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá
sobre la tierra por siete años.
8:2 Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón
de Dios le dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra
de los filisteos siete años.
8:3 Y cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió
de la tierra de los filisteos; después salió para implorar
al rey por su casa y por sus tierras.
8:4 Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón
de Dios, diciéndole: Te ruego que me cuentes todas las maravillas
que ha hecho Eliseo.
8:5 Y mientras él estaba contando al rey cómo había
hecho vivir a un muerto, he aquí que la mujer, a cuyo hijo él
había hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa y por sus
tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer,
y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.
8:6 Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces
el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las
cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día
que dejó el país hasta ahora.
Hazael reina en Siria
8:7 Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo,
al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí.
8:8 Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir
al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo:
¿Sanaré de esta enfermedad?
8:9 Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes
de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro, y llegando
se puso delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me
ha enviado a ti, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?
8:10 Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin embargo,
Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente.
8:11 Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así
hasta hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios.
8:12 Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor?
Y él respondió: Porque sé el mal que harás
a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes
matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás
el vientre a sus mujeres que estén encintas.
8:13 Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro,
para que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová
me ha mostrado que tú serás rey de Siria.
8:14 Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué
te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente
sanarás.
8:15 El día siguiente, tomó un paño y lo metió
en agua, y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó
Hazael en su lugar.
Reinado de Joram de Judá
(2 Cr. 21.1-20)
8:16 En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y
siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de
Josafat, rey de Judá.
8:17 De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar,
y ocho años reinó en Jerusalén.
8:18 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa
de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los
ojos de Jehová.
8:19 Con todo eso, Jehová no quiso destruir a Judá, por
amor a David su siervo, porque había prometido darle lámpara
a él y a sus hijos perpetuamente.
8:20 En el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio
de Judá,
y pusieron rey sobre ellos.
8:21 Joram, por tanto, pasó a Zair, y todos sus carros con él;
y levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le
habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el pueblo huyó
a sus tiendas.
8:22 No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá,
hasta hoy. También se rebeló Libna en el mismo tiempo.
8:23 Los demás hechos de Joram, y todo lo que hizo, ¿no
están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de
Judá?
8:24 Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con ellos
en la ciudad de David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su
hijo.
Reinado de Ocozías de Judá
(2 Cr. 22.1-6)
8:25 En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó
a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá.
8:26 De veintidós años era Ocozías cuando comenzó
a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de
su madre fue Atalía, hija de Omri rey de Israel.
8:27 Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los
ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa
de Acab.
8:28 Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de Galaad, contra
Hazael rey de Siria; y los sirios hirieron a Joram.
8:29 Y el rey Joram se volvió a Jezreel para curarse de las
heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot, cuando peleó
contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ocozías hijo de Joram
rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque estaba
enfermo.
Capítulo 9
Jehú es ungido rey de Israel
9:1 Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas,
y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu mano,
y ve a Ramot de Galaad.
9:2 Cuando llegues allá, verás allí a Jehú
hijo de Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre
sus hermanos, y llévalo a la cámara.
9:3 Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza
y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel.
Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.
9:4 Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad.
9:5 Cuando él entró, he aquí los príncipes
del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe,
una palabra tengo que decirte. Jehú dijo: ¿A cuál
de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe.
9:6 Y él se levantó, y entró en casa; y el otro
derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová
Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová.
9:7 Herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue
la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos
de Jehová, de la mano de Jezabel.
9:8 Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab
todo varón, así al siervo como al libre en Israel.
9:9 Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo
de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías.
9:10 Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel,
y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta,
y echó a huir.
9:11 Después salió Jehú a los siervos de su señor,
y le dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel
loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.
9:12 Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él
dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha
dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel.
9:13 Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso
debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú
es rey.
Jehú mata a Joram
9:14 Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de
Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad
con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria;
9:15 pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse
de las heridas que los sirios le habían hecho, peleando contra Hazael
rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape
de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel.
9:16 Entonces Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram
estaba allí enfermo. También estaba Ocozías rey de
Judá, que había descendido a visitar a Joram.
9:17 Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de
Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena
a un jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz?
9:18 Fue, pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice así:
¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú
que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso,
diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.
9:19 Entonces envió otro jinete, el cual llegando a ellos, dijo:
El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió:
¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete
conmigo.
9:20 El atalaya volvió a decir: También éste llegó
a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú
hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
9:21 Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido su
carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá,
cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron
en la heredad de Nabot de Jezreel.
9:22 Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú?
Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones
de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?
9:23 Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo
a Ocozías: ¡Traición, Ocozías!
9:24 Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram
entre las espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él
cayó en su carro.
9:25 Dijo luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo,
y échalo a un extremo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate
que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su
padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo:
9:26 Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos,
dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová.
Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme
a la palabra de Jehová.
Jehú mata a Ocozías
(2 Cr. 22.7-9)
9:27 Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por
el camino de la casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo:
Herid también a éste en el carro. Y le hirieron a la subida
de Gur, junto a Ibleam. Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió
allí.
9:28 Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, y allá
le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David.
9:29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó
a reinar Ocozías sobre Judá.
Muerte de Jezabel
9:30 Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo
oyó, se pintó los ojos con antimonio, y atavió su
cabeza, y se asomó a una ventana.
9:31 Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió
bien a Zimri, que mató a su señor?
9:32 Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién
está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él
dos o tres eunucos.
9:33 Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte
de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él
la atropelló.
9:34 Entró luego, y después que comió y bebió,
dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey.
9:35 Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más
que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.
9:36 Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra
de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías
tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las
carnes de Jezabel,
9:37 y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre
la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda
decir: Esta es Jezabel.
Capítulo 10
Jehú extermina la casa de Acab
10:1 Tenía Acab en Samaria setenta hijos; y Jehú escribió
cartas y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los
ancianos y a los ayos de Acab, diciendo:
10:2 Inmediatamente que lleguen estas cartas a vosotros los que tenéis
a los hijos de vuestro señor, y los que tienen carros y gente de
a caballo, la ciudad fortificada, y las armas,
10:3 escoged al mejor y al más recto de los hijos de vuestro
señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de
vuestro señor.
10:4 Pero ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos
reyes no pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos nosotros?
10:5 Y el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los
ayos enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo
lo que nos mandes; no elegiremos por rey a ninguno, haz lo que bien te
parezca.
10:6 El entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois
míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los hijos
varones de vuestro señor, y venid a mí mañana a esta
hora, a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los
principales de la ciudad, que los criaban.
10:7 Cuando las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey,
y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastas,
y se las enviaron a Jezreel.
10:8 Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han traído
las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos
montones a la entrada de la puerta hasta la mañana.
10:9 Venida la mañana, salió él, y estando en
pie dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado
contra mi señor, y le he dado muerte; pero ¿quién
ha dado muerte a todos éstos?
10:10 Sabed ahora que de la palabra que Jehová habló
sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová
ha hecho lo que dijo por su siervo Elías.
10:11 Mató entonces Jehú a todos los que habían
quedado de la casa de Acab en Jezreel,
a todos sus príncipes, a todos sus familiares, y a sus sacerdotes,
hasta que no quedó ninguno.
10:12 Luego se levantó de allí para ir a Samaria; y en
el camino llegó a una casa de esquileo de pastores.
10:13 Y halló allí a los hermanos de Ocozías rey
de Judá, y les dijo: ¿Quiénes sois vosotros? Y ellos
dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los
hijos del rey, y a los hijos de la reina.
10:14 Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que
los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo,
cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.
10:15 Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab
hijo de Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es
recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab
dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la mano.
Luego lo hizo subir consigo en el carro,
10:16 y le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová.
Lo pusieron, pues, en su carro.
10:17 Y luego que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a
todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta exterminarlos,
conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías.
Jehú extermina el culto de Baal
10:18 Después reunió Jehú a todo el pueblo, y les
dijo: Acab sirvió poco a Baal, mas Jehú lo servirá
mucho.
10:19 Llamadme, pues, luego a todos los profetas de Baal, a todos sus
siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran
sacrificio para Baal; cualquiera que faltare no vivirá. Esto hacía
Jehú con astucia, para exterminar a los que honraban a Baal.
10:20 Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal.
Y ellos convocaron.
10:21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos
los siervos de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniese.
Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de
extremo a extremo.
10:22 Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras:
Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó
vestiduras.
10:23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo
de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí
entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo
los siervos de Baal.
10:24 Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos,
Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les dijo: Cualquiera que dejare
vivo a alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su
vida será por la del otro.
10:25 Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú
dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y matadlos; que no
escape ninguno. Y los mataron a espada, y los dejaron tendidos los de la
guardia y los capitanes. Y fueron hasta el lugar santo del templo de Baal,
10:26 y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron.
10:27 Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal,
y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.
10:28 Así exterminó Jehú a Baal de Israel.
10:29 Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados
de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie
los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.
10:30 Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien
ejecutando lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab conforme
a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán
sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación.
10:31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová
Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados
de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.
10:32 En aquellos días comenzó Jehová a cercenar
el territorio de Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras,
10:33 desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra
de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer que
está junto al arroyo de Arnón, hasta Galaad y Basán.
10:34 Los demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y
toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de
las crónicas de los reyes de Israel?
10:35 Y durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en
Samaria; y reinó en su lugar Joacaz su hijo.
10:36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria
fue de veintiocho años.
Capítulo 11
Atalía usurpa el trono
(2 Cr. 22.10—23.21)
11:1 Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto,
se levantó y destruyó toda la descendencia real.
11:2 Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó
a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre
los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía,
a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma
no lo mataron.
11:3 Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años;
y Atalía fue reina sobre el país.
11:4 Mas al séptimo año envió Joiada y tomó
jefes de centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió
consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos
en la casa de Jehová; y les mostró el hijo del rey.
11:5 Y les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer:
la tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey
el día de reposo.
11:6 Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra
tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así guardaréis
la casa, para que no sea allanada.
11:7 Mas las dos partes de vosotros que salen el día de reposo
tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey.
11:8 Y estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo
cada uno sus armas en las manos; y cualquiera que entrare en las filas,
sea muerto. Y estaréis con el rey cuando salga, y cuando entre.
11:9 Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada
les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto es, los que entraban
el día de reposo y los que salían el día de reposo,
vinieron al sacerdote Joiada.
11:10 Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos
que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová.
11:11 Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus
armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo,
junto al altar y el templo, en derredor del rey.
11:12 Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el
testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron:
¡Viva el rey!
11:13 Oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría,
entró al pueblo en el templo de Jehová.
11:14 Y cuando miró, he aquí que el rey estaba junto
a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompeteros
junto al rey; y todo el pueblo del país se regocijaba, y tocaban
las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó
a voz en cuello: ¡Traición, traición!
11:15 Mas el sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas
que gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto
del templo, y al que la siguiere, matadlo a espada. (Porque el sacerdote
dijo que no la matasen en el templo de Jehová.)
11:16 Le abrieron, pues, paso; y en el camino por donde entran los
de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.
11:17 Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el
pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el
rey y el pueblo.
11:18 Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal,
y lo derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes,
y mataron a Matán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el
sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová.
11:19 Después tomó a los jefes de centenas, los capitanes,
la guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa
de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de la guardia a
la casa del rey; y se sentó el rey en el trono de los reyes.
11:20 Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad
estuvo en reposo, habiendo sido Atalía muerta a espada junto a la
casa del rey.
11:21 Era Joás de siete años cuando comenzó a
reinar.
Capítulo 12
Reinado de Joás de Judá
(2 Cr. 24.1-27)
12:1 En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar
Joás, y reinó cuarenta años en Jerusalén. El
nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
12:2 Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo
el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.
12:3 Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo
aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
12:4 Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado
que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de
cada persona según está estipulado,
y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehová,
12:5 recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus familiares,
y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallen grietas.&n |